Mascota Segura 360

Qué hacer con el perro en vacaciones

Llevarlo, dejarlo con alguien en casa, mandarlo a una residencia o a casa de un cuidador: qué conviene según el perro que tengas, y qué preparar en cada caso.

Un perro sentado junto al equipaje preparado para un viaje

La conversación llega siempre tarde. Se reservan los vuelos, se paga el apartamento y entonces alguien pregunta «¿y el perro?». A partir de ahí quedan tres semanas para resolver en caliente algo que se decide mucho mejor en frío, y la decisión acaba tomándola el calendario en vez de tú.

Este artículo no va a decirte cuál de las cuatro opciones es la buena, porque depende del animal. Va de saber cuál es la buena para tu perro, que es una pregunta con respuesta.

Las cuatro opciones, sin adornos

Llevártelo. La mejor si el destino y el transporte lo permiten y tu perro viaja bien. Ojo con las dos partes de esa frase: un perro que se marea en el coche o que lo pasa mal en sitios nuevos no está de vacaciones, está aguantando las tuyas.

Que alguien venga a tu casa. El animal no cambia de sitio: mismo sofá, mismo olor, misma rutina. Es la opción menos estresante para perros mayores, miedosos o con tratamiento, y la que mejor funciona cuando además hay un gato en la ecuación. Es lo que cubre el cuidado a domicilio.

Que se quede en casa de un cuidador. El perro sí cambia de sitio, pero a una casa normal, con horarios de casa. Suele salir mejor de precio que la opción anterior y encaja bien con perros sociables que llevan mal la soledad. Es el alojamiento de toda la vida, pero en un piso en vez de en una nave.

Residencia canina. Instalaciones, personal fijo, varios animales. Para algunos perros —los muy activos, los que disfrutan con otros perros— es una semana estupenda. Para un perro reactivo o ansioso puede ser una semana muy larga.

Cómo saber cuál le toca a tu perro

Olvida un momento el precio y contesta a estas cuatro:

  1. ¿Cómo lleva quedarse solo? Si ya lo pasa mal en un día normal, una residencia con horarios y compañía puede irle mejor que tu casa vacía con visitas. Y al revés: si lo que le altera es el ruido y los desconocidos, no lo metas en un sitio con veinte perros. Si no lo tienes claro, lo tratamos entero en el perro que se queda solo en casa.
  2. ¿Cómo se lleva con otros perros? No «¿es bueno?», sino cómo reacciona al quinto perro desconocido de la mañana, con la correa puesta y sin poder marcharse.
  3. ¿Toma medicación o tiene una pauta médica? Si la respuesta es sí, la pregunta deja de ser dónde y pasa a ser quién: necesitas a alguien que sepa dar una pastilla a un perro que la escupe.
  4. ¿Cuántos días? Un fin de semana y tres semanas no son el mismo problema. Por debajo de dos noches casi cualquier opción vale; por encima de diez, la continuidad de la persona pesa más que las instalaciones.

Lo que hay que preparar, en cualquiera de los cuatro casos

Esto es lo que se olvida y lo que después provoca la llamada a las once de la noche:

  • Cartilla y microchip al día, y los datos de contacto del chip actualizados. Si el perro se pierde estando tú fuera, el teléfono que sale en el registro es el que suena.
  • Tu veterinario y uno de urgencias 24 horas, con dirección. No el nombre: la dirección.
  • Autorización escrita para atención veterinaria y un tope de gasto que hayas decidido tú. Sin eso, una urgencia se convierte en una persona desconocida decidiendo por ti con tu perro delante.
  • Comida de la suya, medida por días y un poco de más. Cambiar de pienso el mismo día que cambia todo lo demás es cómo se arruinan unas vacaciones a base de diarrea.
  • Un segundo contacto: alguien que esté en la ciudad y pueda acercarse.
  • Sus cosas: la manta que huele a casa vale más que el juguete nuevo.

Escríbelo en un folio y déjalo pegado en la nevera. Suena antiguo y funciona mejor que cualquier chat.

El error de reservar tarde

En España la disponibilidad se evapora antes de lo que la gente cree. La primera quincena de agosto, la Semana Santa y los puentes largos se llenan con mes y medio de antelación en las ciudades grandes, y en las medianas —donde hay menos cuidadores— antes todavía.

La diferencia entre reservar en mayo y reservar en julio no es el precio: es que en mayo eliges y en julio te conformas. Si estás en Madrid o Barcelona hay volumen suficiente para encontrar algo casi siempre, pero «algo» y «la persona adecuada» no son lo mismo. En Valencia, Sevilla o Málaga, donde en verano se juntan la salida de los residentes y la llegada del turismo, la ventana se cierra antes.

La prueba previa que casi nadie hace

Si vas a dejar al perro con alguien dos semanas en agosto, deja al perro con esa misma persona una noche en junio. Una sola.

Es la única forma de descubrir con margen las cosas que no aparecen en ninguna conversación: que tu perro no come si no estás, que aúlla al quedarse solo en un piso que no conoce, que el cuidador tiene un gato que no habías tenido en cuenta. Descubrir eso en junio es un contratiempo; descubrirlo el segundo día de tus vacaciones, con 2.000 kilómetros de por medio, es otra cosa.

La presentación previa gratuita sirve para elegir a la persona, y está contada a fondo en cómo elegir paseador de perros. La noche de prueba sirve para algo distinto: para comprobar la decisión.

Si te lo llevas contigo

Dos avisos que se llevan la mayoría de los disgustos.

El primero es el calor. Viajar en coche en julio por el interior peninsular con un perro detrás exige parar cada dos horas, salir de madrugada y no dejar al animal en el coche ni un minuto, ni a la sombra ni con la ventanilla bajada. Está desarrollado en pasear al perro con calor.

El segundo son las normas del sitio. «Se admiten mascotas» significa cosas muy distintas según el alojamiento: puede querer decir que hay un suplemento, que el perro no puede quedarse solo en la habitación, o que solo se aceptan animales por debajo de cierto peso. Y en las playas, las que permiten perros son pocas y tienen temporada; el ayuntamiento lo publica, y merece la pena mirarlo antes que después.

Lo que de verdad decide si sale bien

No es la opción que elijas. Es la antelación con la que la elijas y lo concreto que seas al explicar cómo es tu perro.

Los cuidadores con experiencia dicen todos lo mismo: los problemas casi nunca vienen del animal, vienen de la información que nadie les dio. «Es muy bueno» no es información. «Tira de la correa al ver bicicletas, come a las 8 y a las 20, y si oye la puerta del ascensor se esconde detrás del sofá» sí lo es, y es la diferencia entre una semana tranquila y una llamada el martes.